Se viste con el batín, las pantuflas, el pelo desordenado y camina despacio, con sigilo para no despertar a la Reina. Baja con una sonrisa en los labios a la cocina y allí empieza todo. Aún y con legañas, se puede dibujar un corazón en mi casa.
¡Fogones toca ponerse a currar!
Mientras prepara la cafetera se saca su As de la manga... ¡Marchando unas tostadas para la Sra. dormilona-sábanas pegadas-que tanto le gusta (ella a él/él a ella)! El pan salta, café pita, todo va viento en popa.
Rey sale al jardín en busca de una flor (diferente en función de la época del año, claro está). Como estamos en días de romero-lluvia-humedad corta una ramita y la deposita sobre la bandeja con patas (la misma protagonista de mis días de tos, mocos, fiebre, dientes mellados y algunos centímetros de menos, la misma de los días de encontrarse (no tan) mal y ese alguien llamado Papá te llevaba la comida a la cama porque seguro que así te recuperabas antes).
Todo preparado y dispuesto, sube el amor sin detenerse, sin vacilar. Yo miro sin que se dé cuenta por la rendija de una puerta entreabierta. Soy una cotilla, no puedo evitarlo. Y... ¡TACHÁN! Reina sale de su letargo.
Mientras, a mí me complace descubrir que el amor en casa llega los Domingos y que es así de sencillo. Lo malo es preguntarse si eso nos basta-bastaría.





